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CHEMA ALONSO


La noche no es para mi

del 16 de diciembre al 28 de enero de 2006

Corría el año de 1982 cuando andábamos entre sintetizadores y cardados de colores; los ochenta, entre otras cosas, fueron los años del “tecno” (hoy electro-pop), en un momento movido, con ganas de mezclar altas, bajas, medias y culturas rellenitas por igual, tanto en música como en pintura, cómic, cine y otras artes permeables al signo de los tiempos, que diría el Príncipe. De entre esa amalgama de grupos que se hacían y deshacían con la volatilidad de los alcoholes nocturnos, surgió Vídeo, un precipitado de instrumentistas, go-gós coristas y producción high class (Tino Casal) con su carrera de cometa similar a la de tantos otros grupos de entonces. De sus tres álbumes publicados quedaron para el recuerdo algunos temas como “Fría y automática”, “Víctimas del desamor”, y, sobre todo, su primer y mayor éxito, “La noche no es para mí”, inaugurando, o casi, la línea más melancólica del glam hispano.

Chema Alonso, de quien es sobradamente conocida su faceta de dj y su predilección por el medio audio en su producción, retoma este clásico tema para generar una serie muy personal de pinturas alrededor de su contenido- los títulos de las pinturas son diferentes versos de la letra- y de su acento entre melancólico y elegíaco, de retirada o consciente incapacidad para fundirse con un medio que lo atrae y lo repele por igual. Un “teórico” ha apreciado al respecto “un rastro tan indolente como siniestro con el cual el artista construye un mosaico de escenas cuyo objetivo es cuestionar la “normalidad” de la convivencia diaria”. Lo cierto es que su retrato de los ritos nocturnos no está muy lejos de las figuras mudas que registrara Antonioni en “La notte”. Antonioni y Vídeo, intelectualismo comprometido y hedonismo intrascendente, los extremos que se tocan.

Detrás de todas estas expresiones, cine, canción pinturas, se percibe un poso semiamargo, brut, que resta de la inevitable persistencia en las torpes o ciegas conductas humanas, de las rutinas invioladas, los deseos ignorados y los miedos inconfesos a “la noche sin final”. Antonioni sugar-pop.